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lunes, 18 de diciembre de 2017

CHOCOLATADA



Acerca de los miedos infantiles

Es muy habitual que los niños desarrollen en alguna etapa de su infancia miedos, fobias o terrores nocturnos. A veces acaban desapareciendo solos, otras pueden llegar a tener tal intensidad que es necesario consultar con un profesional.

Es interesante que los padres estén orientados respecto a algunos aspectos que se juegan en este síntoma infantil tan extendido.

La infancia no puede ser idealizada. Frente a cierto tópico social, no es una etapa fácil. Los niños desde su nacimiento hasta lograr valerse por sí mismos, tanto material como subjetivamente, tienen por delante un arduo camino: conseguir hacerse con su cuerpo y adquirir un saber hacer con el lenguaje y con los semejantes, tanto para comunicarse como para aprender a manejarse con el mundo. Este camino implica pasar por distintas pruebas de las que unos niños salen más airosos que otros.

Una de las pruebas importantes para los niños es la de tomar conciencia de que están separados del otro que les cuida. Hasta que no tienen cierta edad, los niños se sienten prácticamente indiferenciados respectos a la persona que se hace cargo de sus cuidados, como si este otro cuidador fuera en cierta manera una prolongación de sí mismo.

Los miedos infantiles se inician precisamente cuando el niño empieza a tomar conciencia de esta separación. Dos consecuencias importantes se derivan de este descubrimiento. Por un lado, se desvelará para el niño la cara “siniestra” del cuidador: el padre enfadado, la madre que se olvida de sus necesidades, el adulto que le recrimina por no haber estado a la altura de algo, etc. Por otro lado, el niño comenzará a experimentar afectos inéditos hasta entonces como la soledad y el desamparo ante acontecimientos tanto internos (afectos y sensaciones en su cuerpo) como externos (requerimientos y exigencias del mundo exterior). Todo esto produce una profunda dislocación del mundo en el que habitaba el niño hasta entonces.

El miedo a estar solo, a la oscuridad, a las personas extrañas, los terrores nocturnos hunden sus cimientos en esta experiencia de separación respecto al cuidador y sus consecuencias.

A partir de esta experiencia, el niño inicia todo un trabajo subjetivo para poder hacerse con la angustia que conlleva. Como producto de este trabajo subjetivo pueden a parecer las fobias. En las fobias, estos miedos se condensan alrededor de un objeto, de una escena, de un animal, de un personaje. Frente a los miedos, más abrumadores e indefinidos, las fobias permiten al niño organizar la angustia alrededor de un objeto y esto le ofrece cierto grado de manejo: el niño tiene una idea de lo que tiene que evitar, de aquello de lo que tiene que cuidarse. De alguna manera, permiten al niño estructurar su mundo.

Los cuentos o las películas infantiles son otro modo a través del cual los niños intentan hacerse con esta angustia de separación y con los miedos que la acompañan. Por eso no es extraño que, en la época que aparecen, los niños se apeguen a determinado cuento, a determinada película, y deseen escucharlo o verlo una y otra vez. En él encuentran un tratamiento de aquello que les asusta especialmente.

Como padres debemos estar atentos a los avatares que atraviesan nuestros hijos en su camino de convertirse en autónomos, acompañarlos, pero no abrumarlos con nuestro acompañamiento, dejarles que vayan a ellos por delante en sus demandas de cómo ayudarles con esos miedos. Y si, en determinado momento, la dimensión que adquieren los miedos o las exigencias que los niños imponen a consecuencia de ellos sobrepasan a los padres, es buena idea consultar con un profesional que ayude al niño para que continúe con su trabajo subjetivo.

Esperanza Molleda

Psicóloga- psicoanalista en Madrid- Zona Atocha

Fuente: http://sabere.es

martes, 5 de diciembre de 2017

El ataque de los catálogos de juguetes

“Ya están aquiiiiiii-í……”

He oído cosas como esta:

-Qué pena me da, mi hijo no sabe ni qué pedirse. Como tiene todo….

Bastante habitual. Todos hemos dicho o escuchado esta expresión alguna vez y no nos extraña nada pero nos entristece; así que… ¡STOP! vamos a pensar sobre ello para poder actuar acertadamente.

Padres, profesores, cajeros deToys “R” Us, Papás Noëles disfrazados, pajes de los centros comerciales, Baltasares pintados de negro, etc., trabajemos conjuntamente estos dos aspectos: DESEO Y AGRADECIMIENTO.

EL DESEO

Decidir qué pedir es complicado. La publicidad, por poca que sea, interfiere y condiciona mucho. Las preferencias de los amigos también. “Si culo veo culo quiero” … es uno de los dichos más verdaderos que conozco. Algunos niños se sienten importantes y seguros mostrando lo que tienen (el último regalo o el capricho que le han conseguido sacar a sus abuelos, padrinos, tíos o padres este fin de semana). Los demás les miran y generalmente, se mueren de envidia. Podría ser sana, pero….. va a ser que no… Entonces, algunas veces, vuelven a casa pidiendo encarecidamente lo que tiene su amigo. Pero lo que no sabe es que su amigo se pasa horas enganchado a los videojuegos porque así “se porta bien” y deja un respiro a sus padres. Y que cuando no tiene tablet, móvil o PSP, se tira por las paredes y su falta de creatividad le impide disfrutar con lo que le rodea. Usa los nuevos juguetes uno o dos días, luego se cansa y quiere juegos con pantalla.

Sabemos perfectamente que, durante todo el año, pero más en noviembre y diciembre, se anuncian multitud de juguetes atractivos que luego defraudan. Están los que no valen para nada lo que cuestan, los que los niños abandonan al segundo día, los que se rompen con mirarlos, los que son verdaderamente feos, etc., pero también los hay estupendos, menos mal. Estos últimos no se suelen anunciar en ningún medio de comunicación.

Muchos niños tienen de todo, así que lo importante no es lo que les falta, creo yo, sino lo que desean.

¿Desean saciarse con rapidez, calmar su impaciencia con estímulos que les embeban rápidamente y les alejen de la realidad, para no complicarse pensando qué hacer? ¿Desean no tener que salir de la zona de confort (que muchas veces suele ser el “círculo vicioso de la diversión” del que habla Catherine L’Ecuyer) sumergiéndose en un mundo virtual? Como adultos, hemos de mirar con ellos en qué nivel de profundidad se mueven sus deseos y ayudarles a ser verdaderamente humanos.

Nuestra responsabilidad pasa también por ayudarles a desear lo que necesitan para ser felices, no lo que les engancha a una superflua sensación de felicidad. Y para eso hay que mirarles mucho y mirarnos mucho a nosotros mismos.

¿Puedes recordar los tres momentos más felices de tu infancia? Felices en plenitud.  Podría ser cuando tu tío fue a verte a la obra de teatro en la que eras el último mono actuando, o el día que tus padres os llevaron de excursión a la nieve, o la tarde que te columpiaste tanto en el parque mientras cantabas que bajaste del columpio “borracho” y partiéndote de risa. Quizá te venga a la cabeza la primera vez que tu padre se sentó contigo a hacer los deberes sin hacer caso a tus otros hermanos; el primer día que te dejaron ir solo a por pan; cuando mamá te consoló con mucho amor; cuando hiciste un trabajo en el colegio que les dejó a todos boquiabiertos; cuando fuiste a ayudar a Paloma a encontrar a su perro que se había perdido; cuando colaboraste en la fiesta solidaria del barrio vendiendo papeletas; cuando descubriste que tenías un verdadero amigo, etc. No sé, eso solo lo sabes tú. Pero podemos ver con claridad que la felicidad no depende de las cosas que tengamos, y lo peor es que lo sabemos perfectamente, que aun así caemos en la trampa consumista y, es más, dejamos que también caigan nuestros hijos.

Cada familia es un mundo y hemos de respetar diferentes puntos de vista educativos, pero sin perder de vista lo que es mejor para el niño. Por eso te propongo una serie de medidas para trabajar el consumismo navideño con tus hijos o alumnos. Luego tú elige lo que creas que es más realista y apropiado para tu caso:

1 Comenzar haciendo limpieza con ellos. Con la excusa de hacer hueco para los nuevos juguetes, pensando en dar y compartir con otros niños lo que yo ya no uso, dando valor a lo que tengo y siendo coherente (si no lo he usado en un año, quizá este juguete necesite un niño que lo valore) vamos retirando juguetes. También es el momento de recordar todo aquello que les ha hecho disfrutar jugando y no llegó embalado (dibujar, el escondite, recolectar piedras bonitas y coleccionarlas, hacer deporte, ayudar a cocinar, crear un coche con una caja de cartón, ir a la biblioteca etc.).

2 Crear una lista de deseos

Cuando el catálogo cae en sus manos, puede ser ya demasiado tarde. Corremos el peligro de que desaparezcan rápidamente de su horizonte las cosas que le han hecho ilusión durante el resto del año o las que en realidad necesita. Realizar a lo largo del año una lista de deseos y tenerla a mano y a la vista es un truco sencillo. Ellos mismos tachan y priorizan porque se dan cuenta de que los caprichos a veces tienen fecha de caducidad, pero algunos deseos permanecen y esos son los que merecen llegar a Navidad. Un adulto responsable también puede y debe proponer cosas para esa lista según vea la necesidad o la oportunidad. Ha de guiar al niño en sus decisiones, aclarándole aspectos que no pueda ver por sí mismo y dejándole anotar algún capricho, aunque a nosotros no nos encante.

“Tienes uno muy parecido que no usas desde hace meses. Este lo tiene igual tu prima y puedes jugar con ella. Este no es para tu edad, pero este sí. Este precio es muy elevado, mira este otro parecido y más barato. Este ocupa mucho espacio, pero este otro cabe en tu habitación, etc…”.

3 Limitar

Papá Noel, Reyes Magos, Niños Jesús, Tió de Nadal, etc… Por suerte, tenemos la oportunidad de disfrutar de tradiciones preciosas, pero simultanearlas puede ser peligroso. Cuando en una familia se celebran varias y encima se multiplican a lo largo de diferentes casas (los Reyes en casa de los abuelos maternos, luego en la de los paternos, Papá Noël en casa de los tíos, etc..), el día en que nosotros de pequeños rasgábamos el papel de regalo efusivamente y pasábamos casi entero en pijama jugando y comiendo roscón, puede convertirse en un peregrinar consumista de casa en casa, abriendo y abriendo y no agradeciendo. Hay familias que lo gestionan con arte, pero no todas.

Una idea para que el consumismo Navideño no empañe estas entrañables fechas, puede ser algo que ya muchas familias hacen: limitar el número de regalos que se piden en la carta. Y creo que es muy fácil explicarle a un niño que no hemos de ser muy pedigüeños cuando sabemos que los pobres Reyes Magos, por muy magos que sean, han de llegar a todos los rincones del mundo desde donde les escriba un niño, y que lo mismo sucede con Papá Noël. Los niños lo entienden y saben elegir de su lista de deseos uno, dos o tres regalos. Quizá caigan en la comparación con otros niños y se pregunten por qué a ellos les toca pedir menos, pero ahí estás tú para darle seguridad y decirle que es la mejor opción porque está aprendiendo a ser generoso, a valorar lo que tiene y disfrutar mucho con menos cosas. Está aprendiendo a ser más libre, aunque le cueste.

No hemos de abusar de todos:  Papá Noël, los Reyes Magos, el Tió de Nadal, en Niño Jesús, etc… Es bonito elegir uno y dejar a los demás hacer su trabajo con más holgura. Aunque a veces las costumbres familiares son difíciles de cambiar y con facilidad se crean conflictos catastróficos y discusiones que tampoco son muy convenientes, que digamos, en estas fechas…. Así que valorad en familia y decidid a quién le pedís las cosas sin ser muy abusones…

4 Aprender a esperar

La espera es un momento muy educativo. Las cosas han de tardar. La impaciencia existe y si se educa se puede convertir en paciencia. La emocionante noche esperando la llegada de los Reyes o Papá Noël hemos de pasarla, aunque a las doce de la noche ya sea el día siguiente. Es bueno avisarnos unos a otros y levantarnos juntos para ir a ver si esta vez han dejado paquetes. Es divertidísimo cuando los reyes nos dejan cartas o nos esconden los regalos. Cuando se atreven a dejar un poco de carbón y nos escriben lo estupendos que somos y lo que tenemos que mejorar. Es genial que, en esos días, de la ilusión se pase a la sorpresa, del asombro a la felicidad y además estemos con los que más nos quieren. Por ello, la reacción a la que nos lleva este devenir maravilloso es al agradecimiento.

EL AGRADECIMIENTO

Y a los Reyes Magos y Papá Noël… ¿Nadie les da las gracias? ¿Estamos tontos o qué?

Si escribo una carta para pedir, habrá que hacer otra para agradecer… Y esas líneas nos ayudarán a disfrutar más y durante más tiempo de esos juguetes, porque nos hemos parado a valorarlo, no sólo a disfrutarlo.

Otra forma importante de mostrar ese agradecimiento es cuidando los juguetes: cómo los saco, cómo los uso, cómo los guardo, cómo los comparto. En cualquier momento estamos llamados a educar sobre su uso adecuado y con cariño hemos de recordar a nuestros niños el valor que tiene ese objeto.

LA OPORTUNIDAD DE LA NAVIDAD

Para una madre, un padre o un maestro, puede ser cansado mantener suficiente sensatez consumista durante estas fechas. Podemos no hacerlo del todo bien, seguro que nos equivocamos en algo e incluso nos hemos de permitir pequeños deslices, pero lo que no nos podemos permitir como adultos y educadores es eximirnos de nuestra responsabilidad de enseñar a desear y agradecer profundamente a nuestros queridos niños.

¡Felices Fiestas y mucho ánimo, que de esta salimos!

Amanda García – Simplemente Maestra

Fuente: www.educando.es

jueves, 23 de noviembre de 2017

No estás solo: libros sobre bullying (acoso escolar)

El instituto es zona hostil, y eso no es una novedad. Reflexionando sobre cómo enfocar este asunto para esta entrada, he recordado que hace poco un adulto me ha preguntado si alguna vez me han insultado en el colegio, a lo que yo, en su momento, respondí, con toda naturalidad, “pues claro”. Previendo que el susodicho iba a empezar un interrogatorio para ver cuál era el grado de acoso al que me estaba enfrentando, me apresuré a contestar “en el colegio, alguno le cae a todo el mundo”. Refiriéndome al insulto, claro. Y es que desde primero de primaria hasta segundo de bachillerato (suponiendo, claro, que los inocentes niños de preescolar sean eso, inocentes; y que los adultos universitarios sean eso, adultos) hay un intervalo de tiempo demasiado grande como para no recibir ni una sola mala palabra. Y no os hagáis los tontos, todos podéis recordar esa que os amargó una vez el día. No lo justifico: no debería ser normal. Pero lo es.

“Pero el acoso es peor”, proseguí entonces, “lo he visto en amigos: los insultos no son algo aislados, son su día a día. Y cuando no les insultan, les hacen el vacío.”. Y esa es la realidad: a veces basta con tener algo que te haga diferente, otras con ser demasiado tímido, otras con ser el nuevo. A veces, simplemente, es como si todos los días de clase fuesen una lotería y a ti te tocan todos los números. Como si en un aula hubiera demasiada presión y tú fueras el único foco en el que se liberase. De alguna manera, te han marcado.

Y es que, lo que desde la visión más superficial pueden parecer “solo bromas”, puede tornarse en agresividad y violencia verbal y física fácilmente. Lo que la víctima padece puede ocasionarle baja autoestima, ansiedad y depresión y desembocar en problemas sociales futuros, autolesiones, e incluso suicidio. Y con la llegada de las redes sociales y la poca educación que se ofrece acerca de su correcto uso, lo que muchos consideran “casos aislados” ya no lo son tanto. El bullying es, más bien, una plaga.

Así pues, ¿Cómo sobrevivir al acoso? ¿Cómo sobrevivir, en general, en el instituto? ¿Serán los mejores años de tu vida o van a ser tu pesadilla recurrente? Si os soy sincero, podría daros miles de respuestas y ninguna de ellas sería correcta para todos vosotros. Solo sé una cosa: si me hubiera tocado ser maltratado por mis compañeros, mi refugio diario hubieran sido los libros. Al fin y al cabo, lo han sido siempre: me han animado a hablar con los demás de lo que nunca hubiera contado, me han hecho avergonzarme de mis malas acciones y enorgullecerme de mi mejor faceta, me han consolado, enseñado, envalentonado y abierto la mente.

Por eso os traigo hoy una selección de libros que tratan del acoso escolar: Si caen en las manos adecuadas, quizá ellos aporten a las víctimas un poco de comprensión y fuerza, y amedrenten a los futuros abusones antes de que lo sean. Si alguien puede hacerlo, son ellos:

Esta canción salvará tu vida, de Leila Sales.
El chico de las estrellas, de Chris Pueyo.
El fuego en el que ardo, de Mike Lightwood.
Bittersweet, de Melanie Rostock.
Por trece razones, de Jay Asher.

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lunes, 13 de noviembre de 2017

‘La Bella y la Bestia’, el cuento sobre un maltratador que nos vendieron como una historia de amor

La colección Érase dos veces reescribe clásicos infantiles para despojarlos de estereotipos sexistas y mostrar nuevos referentes.

Un hombre encierra en su casa a una joven que acaba de conocer. Él la invita a cenar y ella declina la oferta, por lo que él le dice que no probará bocado si no es en su presencia. El secuestrador le prohíbe visitar una parte de la vivienda y cuando ella desobedece, él se enfada, pierde el control, le grita y rompe muebles con violencia. Ella, asustada, huye, pero al final regresa para tratar de cambiarlo y se enamora de él.

Las secuencias anteriores forman parte de la versión de los noventa del cuento clásico La Bella y la Bestia. En una charla en TEDxBarcelona, Belén Gaudes, fundadora de la editorial Cuatro Tuercas y de la colección de cuentos Érase dos veces, propuso a los asistentes que hicieran el ejercicio de imaginar a un hombre en el lugar de la Bestia. “¿Qué veis aquí?”, preguntó. “Maltrato. Este cuento dice que alguien que te secuestra y te humilla, lo está haciendo por amor, porque es un ser atormentado, triste, fruto de un hechizo, pero en realidad bueno. Y tú, además, si le quieres, tienes que soportar eso”, expone la autora durante una entrevista.

Belén Gaudes y Pablo Macías, una pareja de publicistas, hicieron esta reflexión el día que redescubrieron con su hija Violeta Cenicienta. “En la historia se cuenta que la belleza es una cualidad imprescindible; que un príncipe puede elegir esposa como si fuera a una zapatería, solamente por el aspecto externo; que las princesas siempre esperan, que su fin es casarse y que son ellos los que tienen las aventuras y los que deciden. Nos chocó mucho y revisamos los clásicos: de dónde venían, por qué se escribieron en su momento, su contexto... y decidimos reescribirlos partiendo siempre del original, porque nuestro proyecto cobra sentido cuando se compara con el clásico”. Un año y medio después y financiados a través del crowdfunding, vieron la luz los tres primeros títulos de la colección Érase dos veces, con ilustraciones de Nacho de Marcos. El éxito fue de tal calibre, que hoy en día cuenta ya con 12 libros. “Nuestra Bella se deja la piel por escapar y cuando la Bestia le dice: ¿Qué va a ser de mí si te vas?, ella le responde: lo siento, pero eso solo depende de ti”.

Gaudes explica que el sentido de estos cuentos es ser un contrapunto al original, una oportunidad para reflexionar y establecer debates en casa. ¿Es acaso lícito darle a una persona desmayada un beso sin su consentimiento como en La Bella Durmiente? “Se trata de mostrar referentes nuevos. Si no hay otra opción, la historia siempre será la de la princesa que espera a que la rescaten”.

Además del sexismo, los libros tratan el bullying (el patito feo es defendido por los compañeros cuando otro alumno le agrade en la escuela), el respeto a la infancia (en este Pinocho, la nariz les crece a los adultos) y la homosexualidad (la ratita presumida es lesbiana).

Hasta el momento, la colección ya ha llegado a México, Uruguay, Chile, Colombia y Argentina. Próximamente estará en Costa Rica. En España, aunque cada vez más asociaciones de madres y padres, grupos de mujeres y psicólogos que trabajan con víctimas de maltrato reclaman sus libros, la creadora de la colección reconoce que el objetivo pendiente es llegar a las aulas. “Este proyecto nació para cambiar el mundo”, asegura Gaudes entre risas. “Pero para eso los cuentos tienen que estar en muchas casas y colegios. Entrar en ellos para que se puedan trabajar en clase con niños de primaria y secundaria”.

Fuente: elpais.com

viernes, 10 de noviembre de 2017

La mentira de los tres meses de vacaciones de los profesores y lo que de verdad oculta

Es uno de los lugares comunes más repetido sobre los docentes, que son considerados unos privilegiados. Pero este desprecio oculta otro importante problema social.

Si quieres tocarle las narices a un profesor, no hay nada mejor que sacar a colación sus “tres meses de vacaciones”. No hace falta ni siquiera añadir el clásico “¡qué bien vivís!” o la coletilla “y luego os quejáis”. Con eso suele ser más que suficiente para echar sal a una herida mucho más profunda, la del progresivo desprestigio de los profesores que tiene en esta apelación a su supuesta vaguería una de sus expresiones más extendidas. 

De igual manera que nadie diría que un abogado solo trabaja las horas que pasa en un tribunal, los profesores dedican el resto de su jornada a otras actividades, desde recibir a padres hasta corregir exámenes, pasando por claustros o guardias.Esa es otra: la del trabajo invisible de los profesores, que los que hemos convivido con ellos hemos podido ver con nuestros propios ojos en forma, por ejemplo, de montañas de exámenes corregidos en largos maratones dominicales o de largas reuniones de evaluación que acaban por la noche. Pongámonos en el absurdo de equiparar el calendario de los profesores con el de otras profesiones: ¿alguien cree que es, ya no factible, sino medianamente razonable que un docente dé ocho horas de clase al día durante 11 meses al año, incluido julio, sobre todo teniendo presente lo que ocurrió el pasado junio durante la ola de calor? ¿Con qué dinero se pagaría?


Las vacaciones son para el verano

Pongámonos ahora en otro supuesto, en el cual, efectivamente, los profesores recogen los bártulos el 21 de junio a las tres de la tarde, el colegio echa el cierre hasta septiembre, y el cuerpo de docentes en su conjunto tiene más de dos meses para ver las nubes pasar. ¿Cuál es exactamente el problema, más allá de la envidia consustancial de la que los funcionarios también han sido víctimas? ¿No se trata, en todo caso, de una aspiración legítima siempre y cuando uno no sea un 'workaholic'? ¿Nos parece mal que un adulto (probablemente con hijos) pueda tener tiempo libre durante el verano o nos parece mal porque nosotros no lo tenemos y preferimos el “mal de muchos”?

Al final, la guerra discursiva contra los profesores en realidad no es más que el síntoma de un problema más profundo, el de la conciliación laboral. O, en otras palabras, qué hacemos con los niños cuando no están en el colegio. Hace un par de semanas, padres furiosos protestaron por que la Escuela Primaria Danemill cerrase sus puertas los viernes al mediodía, básicamente, porque les obligaba a ir a recoger a sus hijos antes. A lo largo del año, los niños ven sus agendas llenas de clases extraescolares, deportes e idiomas con el objetivo, en parte, de tenerlos entretenidos hasta que los padres puedan volver al hogar después de haber hecho un buen puñado de horas extra (no remuneradas) para sus empresas.
El verdadero problema de los profesores o, mejor dicho, de los colegios es que sus horarios no encajan con la jornada laboral de los trabajadores, que se ven obligados a buscar alternativas durante los meses de verano. “A lo mejor debe ser la sociedad la que se adapte al calendario escolar, no la docencia la que se adapte a los padres”, me dice Luis. “Ahí está el centro de la cuestión para mí; deben ser los padres los que luchen por sus derechos, no hacer que el resto pierda los suyos”.

Mientras tanto, asistimos a otra batalla en una guerra que cada día nos suena más: la de un sector profesional contra otro, la del trabajador contra el trabajador, que consideran que la única medida posible es la de igualar a todos por lo bajo. A día de hoy, parece mucho más plausible que los profesores terminen dando clase hasta el 31 de julio, para que los padres puedan seguir trabajado desde el amanecer hasta la noche sin tener que romperse la cabeza con qué hacer con ellos, que se obligue a las empresas a flexibilizar sus horarios e incentivar la conciliación (de verdad, no utilizándola como un arma para contratar solo a personas sin cargas familiares). La próxima vez que sienta envidia por los tres meses de vacaciones del profesor de su hijo, dedique de paso unos segundos a saber qué van hacer este verano sus superiores… y durante cuánto tiempo.

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miércoles, 8 de noviembre de 2017

El plástico: ¿Cuál es el problema?

El AMPA recomienda botellas de ACERO INOXIDABLE

Resumiendo mucho, el plástico es una sustancia química sintética, fabricada a partir del petróleo, de bajo coste, fácil de moldear….. pero también un residuo muy perjudicial para el medio ambiente y tóxico para el ser humano al contener disruptores endocrinos.

La exposición a sustancias tóxicas a través del contacto con productos y artículos de uso cotidiano está relacionada con importantes daños en la salud (problemas reproductivos, cáncer, enfermedades neurológicas, obesidad y diabetes….). El embarazo y la primera infancia, son períodos muy sensibles donde es especialmente preocupante la exposición a sustancias que alteran el sistema hormonal conocidos como disruptores endocrinos, que pueden ser responsables de la aparición de enfermedades durante la niñez, juventud y etapa adulta.

Es de carácter urgente sacar a la luz el tema de los TÓXICOS EN EL AULA, porque la falta de información nos está llevando a cometer verdaderas atrocidades. Horroooorrr! Plástico, plástico y mas plástico. Todo lo que rodea a los niños es plástico.

Empecemos por las botellas, esta es nuestra recomendación:

GREENWAY
Botellas de acero inoxidable en varios tamaños y con varios tipos de boquillas
con diseños muy divertidos para los mas peques de la casa.
Botella de acero inoxidable. Tapones fabricados en polipropileno

Puedes adquirirlas a través de su tienda online